En un país donde la educación formativa (La Escuela) no es lo mejor, me siento abrumada, preocupada y constantemente cuestionando cómo atender yo desde casa lo que la escuela esta deformando, lo que yo quiero trabajar en mi hija. Lyanna ya va a la escuela, esta completamente adaptada y le gusta, tiene un mes asistiendo de manera regular, las cosas en casa han mejorado en cuestión de estrés, el esposo y yo ya estamos mas tranquilos y volviendo a disfrutar nuestra vida en familia, me voy a trabajar mas tranquila y libre de culpa regreso a casa a disfrutar de mi hija. Sin embargo ahora la situación de mi hija enfrentándose a la sociedad , a las reglas de una escuela que se contraponen a lo que nosotros formar en el espíritu de Lyanna. Los tres primeros años son esenciales en la educación del niño, y hay que atender lo que se le dice al niño porque deja marcado para bien o para mal. Es lo que en su subconsciente comenzará a adoptar. Por lo tanto hay frases que he tratado de evitar a toda costa con mi hija pero que ahora en la escuela eso es constante. «NO LLORES» «NO GRITES» Yo le he evitado, pero ahora a ella la escucho que quiere llorar o gritar y se repite… «No llorar o no gritar»…. y esto me parte el alma, no quiero que se acostumbre a esto, no quiero que sus subconsciente quede marcado con esto. Quiero que llore cuando tenga ganas de llorar, que grite si lo necesita. Yo le repito , llora si necesitas o sí puedes gritar. Sin embargo creo que estoy haciendo una contradicción en su cerebro. Cómo resarcir esto, como evitar que toque su inconsciente? Es una tarea complicada y mas bien considero que hablare con ella tratando de explicar, el porque en la escuela no debe hacerlo y en casa sí lo haga. Quisera cambiarla de escuela, pero realmente no creo que esa sea la solución, a menos que sea una escuela basada en los mismos principios que deseo fomentar en casa.
Administrando el dinero
Y bien, tener un esposo amo de casa como ya lo mencioné antes, es todo un caso, un sin fin de conflictos y bueno hay un tema delicado en esta posición : «El dinero». Exactamente! Siendo la mamá que trabaja, la proveedora del dinero me enojan los gastos inútiles. Yo era así , pero he tenido que empezar a controlarlo porque he reconocido todo lo que conlleva ganar cada peso. Él, tiene una tarjeta de crédito que saco cuando trabajaba, sin embargo ahora quién la paga soy yo, le pedí que la utilizara sólo en casos necesarios, pero tiene una tendencia a que cuando tiene dinero se le disuelve como si fuera arena. Generalmente cuando le pregunto que paso, en que lo gastaste, solo dice pues en cosas necesarias que ambos usamos. Pero eso traducido a hacer un recuento se fue en papas, refresco, cochinadas de comida y los maravillosos cigarros, Claro mezclados con medicina, pañales y otras cosas. De pronto dudo en si soy una exagerada con esto o realmente tengo razón en ponerme en este plan. Pero hoy estoy muy enojada, porque me esforcé en pagar la tarjeta durante todos estos meses, de manera puntual, para utilizarla ahora que saliéramos de viaje y pues nada, el saldo de la tarjeta es muy bajo. Así que supongo que en el viaje solo tendremos que gastar lo mínimo posible, porque regresa el circuito. Quién paga, soy yo.
El comienzo
Hasta el 2016 mi vida se centraba en trabajar, actualizarme tomando cursos, viajar de una ciudad a otra para moverme en distintas escuelas en las que imparto clase. Cabe mencionar que tengo una relación de pareja desde hace casi quince años. Diez años de vivir juntos y una relación estable Basada en la confianza, la comunicación y el respeto hacia nuestra libertad personal. Por tanto no tenía problemas en pasar varios días fuera de casa o salir con mis amigos de fiesta o solo en plan de conversiones profundas hasta la madrugada. La profesión que ejerzo me hace muy feliz y la disfruto, por lo que he invertido mucho tiempo y vida en ella y en actualizarme constantemente. Esa era mi vida, bohemia, alocada, reflexiva, profesional. Pero en febrero de 2017 me enteré que estaba embarazada, cuando confirme la noticia no sabía si estaba feliz o confundida. Sólo supe que mi vida ya no volvería a ser la misma, y por supuesto el embarazo fue complicado al principio y mi vida empezó a sufrir cambios. Aún no tan revolucionarios. Pero esas 41 semanas que duró mi embarazo me ayudaron a saber que pasará lo que pasará, mi vida profesional no podía detenerse y me propuse aprender a combinar entre el ser mamá y profesionista. Sin descuidar ninguna de las dos.
A un año y cinco meses aquí estoy imparable, y cumpliendo con ambas condiciones. Sin embargo esto no ha resultado fácil las aventuras, locuras y baches en los que me he metido y me sigo metiendo se narrarán en este blog.
Un esposo «Amo de Casa»
Él dejó de trabajar hace casí un año, el trabajo en el que estaba cambió a causa de la situación política del 2017. Yo me sentí aliviada un poco porque para mi era preferible que él cuidara de Lya mientras yo salía a trabajar. En ese momento no me importo ser la proveedora económica mientras él se quedaba en casa. Poco a poco las cosas comenzaron a mostrar la realidad, la situación que sin dudarlo se iba a originar, pero que no pensé jamás. Él, pasaba todo el tiempo con Lya mientras yo pasaba el tiempo fuera trabajando, cuando yo volvía a casa los trastes estaban sucios, la casa hecha un desastre, no había comida. Yo que volvía a casa lo que más anhelaba era pasar todo el tiempo con mi hija, el poco tiempo que podía. sin embargo tenía que llegar a prepararme de comer, pero no había un traste limpio, por lo tanto tenía que lavarlo. Toda esta situación me estresaba mucho, porque su excusa era que él estaba en casa para cuidar de Lya y pasar el tiempo con ella y no le daba tiempo realizar otra cosa. Ésto desencadenó en la relación un estrés de pareja y un sin fin de fricciones, peleas, discusiones fuertes en las que estuve a punto de tomar a mi hija y dejarlo. Lo pensé tantas veces. Aunado a esto yo sentía que él me echaba en cara muy sutilmente, el que yo pasara lejos de mi hija mucho tiempo, Lya se estanco en un peso, del cual no pasaba durante casí cinco meses, entonces siempre le preguntaba si le estaba dando de comer bien, él obviamente respondía que sí, pero yo no podía estar completamente segura. entonces el sentimiento de culpa por abandonarla empezó a apoderarse de mi, y una vez que este sentimiento me invadió, sentí que el mundo estaba contra mi, me sentía la peor madre del mundo y lo peor es que no tenía nadie a quién decirlo, me estaba ahogando por dentro. Entre mi estres, mi culpa y mis ganas de huir que se originaban en mi interior y mi cabeza haciendo ideas locas y fatalistas. Llego un momento que no tenía suficiente dinero para pagar los servicios de la casa, la despensa, etc. Una madeja mas que se enredaba. Hasta que un día por fin exploté y grite y dije un sin fin de incoherencias porque estaba enojada, le grite a mi hija de quince meses, la regañe como si ella tuviera la culpa, fue un momento de los peores en mi vida. Cuando reflexione sobre lo sucedido, vino la culpa mas grande que haya podido sentir e toda mi vida. me sentía como el marido golpeador que llega borracho a atacar con todo sin siquiera tomar razón sobre lo que ocurre. Sin embargo ese fue el momento en que decidí detenerme por un momento y pensar en todo lo ocurrido y hablar con él sobre lo que me estaba pasando. Decidimos que yo necesitaba ayuda en casa y económica, que él necesitaba volver a trabajar y que Lya debía ir a la escuela, así ambos podíamos ayudarnos y pasar tiempo con ella. Dejé mi trabajo de los sábados y decidí que de ahora en adelante los fines de semana no se tocan para trabajar, ni las tardes, son para ella de aquí a qué crezca mas. Él aun sigue en busca de trabajo, pero ya ayuda mucho mas en la casa, seguimos teniendo discusiones por nuestras personalidades, pero son tranquilas y ambos tratamos de controlarnos.
