Hasta el 2016 mi vida se centraba en trabajar, actualizarme tomando cursos, viajar de una ciudad a otra para moverme en distintas escuelas en las que imparto clase. Cabe mencionar que tengo una relación de pareja desde hace casi quince años. Diez años de vivir juntos y una relación estable Basada en la confianza, la comunicación y el respeto hacia nuestra libertad personal. Por tanto no tenía problemas en pasar varios días fuera de casa o salir con mis amigos de fiesta o solo en plan de conversiones profundas hasta la madrugada. La profesión que ejerzo me hace muy feliz y la disfruto, por lo que he invertido mucho tiempo y vida en ella y en actualizarme constantemente. Esa era mi vida, bohemia, alocada, reflexiva, profesional. Pero en febrero de 2017 me enteré que estaba embarazada, cuando confirme la noticia no sabía si estaba feliz o confundida. Sólo supe que mi vida ya no volvería a ser la misma, y por supuesto el embarazo fue complicado al principio y mi vida empezó a sufrir cambios. Aún no tan revolucionarios. Pero esas 41 semanas que duró mi embarazo me ayudaron a saber que pasará lo que pasará, mi vida profesional no podía detenerse y me propuse aprender a combinar entre el ser mamá y profesionista. Sin descuidar ninguna de las dos.
A un año y cinco meses aquí estoy imparable, y cumpliendo con ambas condiciones. Sin embargo esto no ha resultado fácil las aventuras, locuras y baches en los que me he metido y me sigo metiendo se narrarán en este blog.