En un país donde la educación formativa (La Escuela) no es lo mejor, me siento abrumada, preocupada y constantemente cuestionando cómo atender yo desde casa lo que la escuela esta deformando, lo que yo quiero trabajar en mi hija. Lyanna ya va a la escuela, esta completamente adaptada y le gusta, tiene un mes asistiendo de manera regular, las cosas en casa han mejorado en cuestión de estrés, el esposo y yo ya estamos mas tranquilos y volviendo a disfrutar nuestra vida en familia, me voy a trabajar mas tranquila y libre de culpa regreso a casa a disfrutar de mi hija. Sin embargo ahora la situación de mi hija enfrentándose a la sociedad , a las reglas de una escuela que se contraponen a lo que nosotros formar en el espíritu de Lyanna. Los tres primeros años son esenciales en la educación del niño, y hay que atender lo que se le dice al niño porque deja marcado para bien o para mal. Es lo que en su subconsciente comenzará a adoptar. Por lo tanto hay frases que he tratado de evitar a toda costa con mi hija pero que ahora en la escuela eso es constante. «NO LLORES» «NO GRITES» Yo le he evitado, pero ahora a ella la escucho que quiere llorar o gritar y se repite… «No llorar o no gritar»…. y esto me parte el alma, no quiero que se acostumbre a esto, no quiero que sus subconsciente quede marcado con esto. Quiero que llore cuando tenga ganas de llorar, que grite si lo necesita. Yo le repito , llora si necesitas o sí puedes gritar. Sin embargo creo que estoy haciendo una contradicción en su cerebro. Cómo resarcir esto, como evitar que toque su inconsciente? Es una tarea complicada y mas bien considero que hablare con ella tratando de explicar, el porque en la escuela no debe hacerlo y en casa sí lo haga. Quisera cambiarla de escuela, pero realmente no creo que esa sea la solución, a menos que sea una escuela basada en los mismos principios que deseo fomentar en casa.
Principios Casa&Escuela
Publicado por Suriup
Soy una mujer profesionista, actualmente docente universitaria. Siempre me he caracterizado por trabajar con disciplina y rigor para alcanzar mis metas profesionales. A las 33 años me convertí en mamá y mi vida revolucionó, ahora no sólo sigo luchando por ser una mejor profesionista, también estoy trabajando en ser mejor persona, esposa comprensiva y mamá de Lyanna. Mi vida se volvió una aventura loca de la cual habló en este blog. Ver todas las entradas de Suriup
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